El otro lado del Erasmus

Por Irene Reyero Calera en 26-10-2016 0 comentarios | 593 vistas

El programa Erasmus tiene dos caras: por un lado, la visión de la gente que se va; por el otro, el de la gente del lugar a donde llegan. Se ha escrito mucho acerca de lo primero, pero poco de lo segundo. ¿Cómo vemos los estudiantes a los que vienen de otros países?

 Para no caer en generalizaciones, se podría decir que hay dos categorías: los que nunca se acercan a un Erasmus y los que intentamos ayudarles a que se integren. Personalmente, pertenezco al segundo grupo y me cuesta un poco entender al primero, pero sé que existen porque lo he visto en mi clase y porque hay Erasmus que me lo han contado. Desconozco sus problemas para interactuar con los estudiantes extranjeros, pero son varios los Erasmus que se han encontrado con dificultades, por ejemplo, para poder estar en un grupo de trabajo (parte obligatoria en muchas asignaturas gracias al Plan Bolonia). 

La primera razón que se me ocurre es que cada uno tiene su grupo de amigos y compañeros, bastante cerrado y que cuesta mucho meterse en ese círculo. La segunda, que he descubierto hablando con compañeros, es que esperan a que sean los Erasmus los que se acerquen a hablarles… Desde aquí me gustaría enviarle un mensaje a esas personas: por favor, intentad poneros en su lugar, vienen de otro país, no conocen a nadie, y a todos, independientemente de la nacionalidad, nos cuesta pedir ayuda. Si os encontraseis en su situación, ¿no os gustaría que se os acercase alguien con una sonrisa amable a presentarse y os ofreciese su ayuda? 

Los de la segunda categoría queremos que se integren y buscamos facilitar su estancia en nuestro país. Recibimos a los Erasmus con los brazos abiertos porque comprendemos las dificultades a las que se enfrentan: el idioma, el no conocer la ciudad, la gente, la falta de comprensión… Creo que este programa es muy importante, no sólo para los que viajan, sino para los que los recibimos, porque el aprendizaje y la riqueza cultural que aportan son incomparables. Es cierto que viajar sería mucho mejor, pero sin hacerlo, puedes aprender mucho acerca de otras culturas, sus costumbres, sus tradiciones e incluso, si te interesa, su idioma, algo de lo que ambas partes salen beneficiadas con la práctica. 
Para solventar el problema con la primera categoría, la Universidad cuenta con un programa de mentores, personas voluntarias que se encargan de estar en contacto con los Erasmus, enseñarles la ciudad y tratar de resolver cualquier cuestión que se les plantee. En muchas ocasiones, los que se presentan a mentores están en la asociación AEGEE, sobre la que escribí en mi primer artículo y que realiza una gran labor de ayuda a los Erasmus.
Me gustaría que este escrito sirviese para ayudar a los Erasmus, que las personas que los tienen en sus clases tomen conciencia de su situación, que se solidaricen con ellos, que se esfuercen por entenderlos. Os prometo que será una grata experiencia, que podéis aprender mucho y que no os vais a arrepentir de haber ayudado a alguien. 



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