Cuando decides irte de Erasmus

Por Rayco Fontes Cabrera en 17-09-2015
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Seamos realistas, hay tres categorías donde se pueden catalogar la mayoría de motivos que pueden llevarte a tomar la decisión de abandonar la calidez y comodidad de tu zona de confort, de tu casa, de tus amigos, de tu clima y de tu idioma en busca de ese algo más:

1. Profesional: “Es un paso para mi carrera. El estudiar en un país extranjero me ayudará en un futuro....” Los motivos que sueles dar para que te concedan la beca.

2. Social: “Aprenderé Ingles. Veré Londres (Quien dice Londres dice Milán, París, Berlín). Aprenderé una cultura diferente....” Los motivos que sueles dar a tus padres para que te dejen ir.

3. Personal o Espiritual: “Quiero cosas nuevas. Quiero saber si puedo vivir solo en otro país, otra cultura u otro clima....” Las razones que te dices a ti mismo cada día y que te repites una vez que aterrizas.

Yo me fui por razones espirituales, me daba igual el donde, mientras más barato mejor. Lo único que me convenció fue una empresa intermediaria que me ofrecía: alojamiento, un curso de idiomas y buscarme una empresa donde pudiera realizar las practicas relacionadas con mis estudios en Italia.


El llegar hasta allí fue fácil, pude coger un vuelo directo hasta Bologna y un trasbordo que me llevaría a Brindisi a la mañana siguiente. Así fue como pasé mi primera noche en Bologna, desde las once hasta las siete de la mañana del día siguiente, en un sitio desconocido, sin nadie, solo, e intentando buscar la terminal del día siguiente, la cual cerraba de noche. Por fortuna no la terminé pasando solo, conocí a un napolitano que salía en el primer vuelo para Arabia Saudí, con el que hablé en inglés sobre el partido de la Juve. Se nos unió, un hombre que hablaba español, que había estado en canarias y que hacía de interlocutor. Pasé una noche agradable. A pesar del hecho de que el móvil murió y se quedó en negro y no volvió a encenderse hasta justo antes de entrar en el avión y tener que apagarlo.




Al llegar a Brindisi empezaron las dudas, “¿Qué hago yo aquí?¿Me vendrán a buscar?....” No veía a nadie con mi nombre o el nombre de la empresa en un cartel, lo que yo esperaba. Maldito cine. Fui a pedirme un croissant, que señalé cual mono. :). En lo que estaba comiendo se acercó una mujer preguntando por mí, no tenía ni idea de cómo me identificó, pero antes de acabar el croissant ya estaba subido en el coche haciéndome las preguntas típicas. ¿Qué sabes de italiano? - Nada. ¿Qué tal la noche? - Fría. ¿Frio? Sí ya es primavera, ahora empieza el calor. (Mi cara incrédula). Cuando llegamos a Copertino intentó enseñarme donde estaban las cosas, pero las siete horas subido en avión y unas doce en aeropuertos. Solo tenía una idea en mente: Dormir. Aparcó delante de lo que iba a ser mi hogar durante los dos siguientes meses. Una casa de dos pisos con cuatro dormitorios, cuatro baños, una cocina-salón y un patio trasero lleno de naranjeros (Mi sitio favorito, muchas horas pasé en ese patio cogiendo sol). Con capacidad para doce personas, solo estábamos de momento, mi “compañera de piso” y yo. Me enseñó mi habitación y me dejó descansar hasta por la tarde que empezarían las clases de Italiano. Así fue como veinticuatro horas antes, estaba en una playa de Lanzarote y ahora estaba en un pueblecito del sur de Italia con cinco mantas en la cama. :D.


Rayco Fontes Cabrera


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