Universidad: detonante mental

Por Irene Reyero Calera en 15-11-2016 0 comentarios | 630 vistas

Hace tiempo escuché una frase en Community de uno de los protagonistas, Abed, que decía: “En la universidad se manifiestan más problemas mentales.” Por supuesto no es ninguna base científica, pero se me quedó marcada porque al mirar a mi alrededor descubrí que era cierta.
Por norma general, salimos de casa a la tierna edad de 18 años, con nuestra ilusión intacta, y nos marchamos a estudiar fuera: acabamos viviendo en un piso compartido o en una residencia de estudiantes, lejos del hogar familiar. Al principio todo se ve como una aventura, saboreamos la independencia recién adquirida, la libertad, las nuevas amistades, las fiestas universitarias… 

Y creo que realmente no somos conscientes del tremendo cambio que sufrimos tan de golpe: todas esas labores que mágicamente antes siempre estaban hechas (véase lo que concierne a la casa), las gestiones (académicas, bancarias, etc.), las tareas a realizar (por muy responsables que seamos siempre estaba alguno de nuestros padres detrás nuestro para recordárnoslo), y así un largo etcétera. De todo eso y más nos convertimos en los únicos responsables de realizarlo. Según la carrera a estudiar variarán los problemas que les afecten, pero en casi todas tenemos algunos comunes: asistencia a clase, participación, trabajos individuales, trabajos en grupo (ese momento en el que descubres que por mucho que sean tus amigos puede que no sean los adecuados para trabajar; o peor, se forma el grupo por orden de lista y te toca ese alguien que nunca aparece y nadie conoce), prepara los parciales, estudia para los finales, encuentra los libros que necesitas (que ya no quedan en la biblioteca / alguien los ha reservado / alguien los ha escondido). Intenta combinar esto con tu nueva vida social (amistades, amores, desilusiones y traiciones) y con la familiar, yendo a casa cada fin de semana (si no estás demasiado lejos), en cualquier caso, entre fiestas y trabajos acabarás volviendo poco. 

Así que llega un día en el que acabas por agobiarte, los hombros te pesan demasiado de llevar una carga tan enorme, sientes una opresión en el pecho y que te falta el aire, te cuesta respirar y crees que te vas a ahogar. No sabes qué te pasa y sientes miedo… En el peor de los casos acabas en el hospital porque te ha dado un ataque de ansiedad; en el mejor sabes reconocerlo y pides ayuda. He conocido ambos casos, incluso gente que por no enfrentarse a ello ha abandonado la carrera.
En mi caso personal, que espero que sirva de ayuda para alguien que se encuentre en la misma situación, acudí en primer lugar a un curso sobre combatir la ansiedad que impartía mi universidad. Posteriormente acabé acudiendo a la psicóloga, no porque el curso no fuese útil, sino porque me sirvió para reconocer que necesitaba ayuda. Por supuesto, sé que no es fácil, muchas veces llegué a la puerta de la consulta y me fui, hasta que un día me acompañó una amiga y me obligó a llamar. 

Animo sinceramente a todo aquél que crea que puede padecerlo a que busque tratamiento. La psicóloga te preguntará sobre tu vida y tu entorno para descubrir las causas de tu estrés te aclarará que no es algo grave, nadie se muere por ansiedad. La clave está en controlar la respiración y en mantener la mente limpia: organízate y no intentes abarcar más de lo que puedas hacer, es mejor ir despacio, paso a paso, que muy rápido y acabar haciendo nada por el agobio. La mayor parte de las veces sufrimos más por lo que imaginamos que por la realidad. Take it easy, disfruta de la vida, que, a pesar de todo, son los mejores años. 


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