Gracias, Erasmo

Por Laura Malo Martín en 25-01-2016
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Todo consejo es bueno, pero los consejos no están ahí cuando te roban la mochila con tu ordenador, tu pasaporte y otras pertenencias importantes varias nada más llegar a una ciudad desconocida, o cuando te pierdes por la misma con 30 kilos en tus maletas.

Dicen que el primer mes como erasmus es difícil, ya que te tienes que adaptar a un nuevo ritmo de vida, nuevas costumbres, nueva ciudad, nueva gente que entrará en tu vida, pero si ese duro comienzo se empeña en acumular todos los nervios y experiencias malas el mismo día, entonces puedes decir que estás viviendo la experiencia, pero al máximo, eso sí. 

Sin embargo, no todo va a ser malo. Para arreglar todo eso está lo demás: el día a día de tu nueva vida. Tanto si vives en una residencia, en un piso, o incluso en un portal o debajo de un puente, atento porque tu vida va a cambiar. ¿Por qué? Verás, no hay día malo en la vida del erasmus, quizá catastrófico, pero nada que no arregle una cerveza y una buena conversación, aunque sea con un nativo con el que no entiendas ni "papa". Insisto, todo irá a mejor, porque esta nueva vida es una escalera que solo sube y en cada escalón te encuentras algo nuevo y bueno que realmente consigue que crezcas como persona, te hace sentir feliz y afortunado; y es lejos de casa donde valoras el quién eres y te planteas quién quieres seguir siendo. 

Gracias a Erasmo de Róterdam puedo decir que estoy viviendo, y disfrutando (que es lo importante) del mejor viaje de mi vida. Y lo llamo viaje porque es un cúmulo de aventuras, una tras otra. Creo que no hay nada mejor que apartarte de tu rutina, que tus ojos vean nuevos y bonitos lugares y que tu corazón y mente se enriquezcan de la variedad de personas que van a marcarte para siempre. Porque recuerda que oportunidades como estas te ayudan a vivir intensamente, y tu ciudad de destino te hará sentir como nunca lo has hecho o lo harás de nuevo. 

Y yo, afortunadamente, lo viví y sentí en Bruselas; gracias a ella, su gente y los Erasmus que allí formaron parte de mí.

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