La primera de muchas

Por Desirée Rodríguez Leal en 09-01-2016
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Hace tan solo un mes volví de Francia, de vivir la mejor experiencia de mi vida, de pasar los mejores 38 días de verano que podía imaginar.

Siempre me ha gustado viajar y Francia, con su elegancia y su maravilloso idioma, ha sido siempre mi opción predilecta, pero nunca me había planteado irme allí, sola, a trabajar rodeada de franceses. De gente con la que no podía hablar en mi idioma y cuya cultura es, aunque similar, no igual a la española.

Sin embargo, un día me planteé la idea de irme a trabajar en verano como au pair. Llevo años trabajando con niños por lo que paciencia e ideas para entretenerlos durante horas no me faltan. Así que, una vez tomada la decisión, empecé a buscar familia y acabé encontrando una perfecta: me ofrecía 5 semanas en Charente-Maritime, una zona de la costa francesa que me permitiría mejorar mi francés al tiempo que disfrutaba de la playa.

No puedo negar que al principio estaba nerviosa, todo era nuevo, pero se puede decir que, al final, mi estancia allí ha ido sobre ruedas. Me pasaba el día jugando con los dos niños a los que debía cuidar: dábamos clases de español, bajábamos a la playa, montábamos en bici, hacíamos juntos comidas españolas o nos montábamos el cine en casa.

“Me encantan los niños, los animales y también la playa pero si todo es en francés es mil veces mejor” posteé en mi cuenta de Facebook en mi segundo día por tierras francesas. Y es que, a pesar de que solo llevaba allí 48 horas, ya me sentía parte de una familia que no era la mía, que no hablaba mi idioma y que se iba a dormir a las ocho y media de la ¿noche?

Vivir lejos de casa tiene sus inconvenientes, no lo voy a negar, pero a mí no me cabe duda de que son mayores los beneficios: en cinco semanas he aprendido más vocabulario que en siete años de clases, he convivido con gente diferente, he descubierto lugares increíbles (que solo se conocen si vives allí) y, sobre todo, he crecido como persona. Porque alejarte de tu zona de confort, de todo aquello a lo que estás acostumbrado y vives cada día, ayuda a conocerse mejor. Te muestra cómo actúas en entornos diferentes y te hace ver que no necesitas nada para ser feliz.

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